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De sierras y sapos

Muchas veces te contamos que las ranas y sapos se reproducen cuando aumenta la temperatura y llueve. También hablamos un montón sobre la relación de las lluvias con el canto de los anfibios y cómo esta característica permite a les biologues encontrar a los sapos y las ranas.


Pero como la naturaleza es tan compleja, siempre andamos hablando de las excepciones, y esta nota está plagada de ellas. Podríamos decir que el Sapo de Achala, especie conocida como Rhinella achalensis, es una excepción con cuatro patas.


En primer lugar, es la única especie de las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis que se reproduce a finales de la estación seca con temperaturas que llegan a -10°C. ¡Es invierno y los arroyos tienen poca agua, el cauce se interrumpe y el agua se congela! Además, a diferencia de la gran mayoría de las especies de anfibios anuros, los machos no cantan.


Como te contamos en otras oportunidades, las poblaciones del Sapo de Achala han disminuido y se registraron extinciones locales. Esto determina que la especie ocupe lugares muy puntuales dentro del sistema con unas abundancias excepcionalmente bajas, aún en período reproductivo.


Tras el rastro de los sapos


Esta suma de excepciones hace que la búsqueda de esta especie no sea tarea fácil y, por lo tanto, tampoco lo es realizar los estudios para responder a las preguntas que nos hemos hecho sobre el estatus de las poblaciones y cómo distintas amenazas afectan al Sapo de Achala.


Por eso, un equipo conformado por Julián Lescano, Josefina Pedernera, Gabriel Boaglio (IDEA – UNC/CONICET); Diego Baldo, Carolina Miño, Daiana Wanderer, Juan Boeris (IBS – CONICET/UNaM) y Gabi Agostini (IEGEBA – UBA/CONICET) viajamos a Carlos Paz para comenzar el trabajo de campo en busca de poblaciones del Sapo de Achala.


Desde Carlos Paz nos dirigimos al Parque Nacional Quebrada del Condorito, corazón de la Pampa de Achala y base operacional de esta campaña. Durante cuatro días, visitamos distintas localidades históricas en las cuales se conoce la presencia del Sapo de Achala.


Los sitios visitados son tramos de distintos arroyos que se encuentran dentro del Parque Nacional y en las inmediaciones del mismo. Las noches fueron frías, con temperaturas que llegaron a los -5°C, pero el frío se pasaba rápido cada vez que encontramos a los sapos y también puestas y renacuajos.


Si bien nos enfocamos en buscar durante el día y la noche evidencias de la presencia del Sapo de Achala, el equipo del Laboratorio de Genética Evolutiva del IBS orientó sus tareas a la toma de muestras para estudiar aspectos de la genética poblacional de la especie. Los demás, realizamos relevamientos de los hábitats de reproducción del sapo, medimos aspectos del paisaje que rodea a los arroyos y tomamos muestras de hisopados de piel para determinar la presencia de hongos y bacterias patógenos.


Unos días después, nos trasladamos a la Provincia de San Luis con el mismo objetivo: relevar localidades históricas en las cuales el Sapo de Achala supo estar. Desafortunadamente, no encontramos poblaciones de esta especie en esta oportunidad, pero estamos planificando futuras visitas al área.


Siguiendo el camino de las Altas Cumbres -llenos de arroyitos, piedras, quebradas y cielos enormes- volvimos a Carlos Paz, última parada antes de volver a casa. Con la cara un poco quemada y la piel seca, pero con la alegría de haber encontrado poblaciones y la satisfacción de haber culminado con éxito esta primer campaña de campo del proyecto Sapo de Achala.


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